NOS HAN DADO LA TIERRA

Después de tantas horas de caminar sin encontrar ni una sombra de árbol, ni una semilla de árbol, ni una raíz de nada, se oye el ladrar de los perros.

Uno ha creído a veces, en medio de este camino sin orillas, que nada habría después; que no se podría encontrar nada al otro lado, al final de esta llanura rajada de grietas y de arroyos secos. Pero sí, hay algo. Hay un pueblo. Se oye que ladran los perros y se siente en el aire el olor del humo, y se saborea ese olor de la gente como si fuera una esperanza.

Pero el pueblo está todavía muy allá. Es el viento el que lo acerca.

Hemos venido caminando desde el amanecer. Ahorita son algo así como las cuatro de la tarde. Alguien se asoma al cielo, estira los ojos hacia donde está colgado el sol y dice: (Juan Rulfo. El llano en llamas).

“El único camino que has de recorrer es el camino hacia la introspección”. Con los ojos cristalizados, por primera vez comprendió que la búsqueda de un lugar es la búsqueda de uno mismo. Sollozando, decidió dejar todo y. emprender un viaje hacia lo desconocido, buscando entre el aire hirviendo y la tierra que sufre al agrietarse por la sequedad, buscando una persona, un lugar, algo que al encontrarlo, lo haga saber que encontró un reflejo de sí mismo.

De pronto, en el horizonte, distorsionado por el calor abrasador, pudo percibir un destello de vida, algo que le resultaba familiar, no distinguía si era una cabaña o tan solo una pila de escombros pero la incertidumbre era tal que le arrastraba anulando el cansancio de sus doloridos pies y la incomodidad de sus saladas lagrimas que se colaban en las agrietadas comisuras de sus labios, siguió avanzando para encontrarse con aquella lucida semblanza que solo de lejos imaginó, era real; alzo la cabeza, abrió los ojos y su voz traspasó. Eran los pequeños fragmentos de lo que un día fue su sitio favorito sobre la tierra. Al percatarse del lugar donde se encontraba, su alma sollozó; sin buscar nada, encontró todo. Encontró al pequeño que algún día fue. Y se vio allí, sentado en la cima de los escombros, como si fuera el rey del mundo; pero algo andaba mal no emanaba felicidad de sí. Y eso le atormentó.

Atormentado y afligido, miró a su alrededor, y cerrando los ojos intentó traer al presente aquella felicidad de antaño, sin embargo, no pudo. Al abrir los ojos ese pasaje de desolación sólo le ponía triste, recostó la cabeza en uno de los escombros, mirando al cielo, pensando en todo lo que lo hacía feliz, y finalmente lo recordó.

Recordó aquella vez en la cual en su mayor momento de necesidad, esa persona tan importante para él, lo miró, se acercó y le ofreció su apoyo incondicional, diciéndole: “El camino difícil en ocasiones es el único que te lleva a la meta, así que debes seguir adelante”.

Ese recuerdo le devolvió parte del ánimo que necesitaba, por lo que decidió ponerse de pie mientras, internamente, tomaba la decisión de levantarme y seguir adelante, nunca poner la mirada hacia el suelo, levantar el orgullo que tengo, nunca dejarme vencer por las adversidades y así poder seguir adelante para…

(Autor colectivo)

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