EL HOMBRE

Los pies del hombre se hundieron en la arena dejando una huella sin forma, como si fuera la pezuña de algún animal. Treparon sobre las piedras, engarruñándose al sentir la inclinación de la subida; luego caminaron hacia arriba, buscando el horizonte. (Juan Rulfo. El llano en llamas)

Cada paso era más y más liberador, ¿quién diría que los pies descalzos serían tan buenos caminantes?, en su imaginación las marchas finales eran solemnes y santas, en su realidad se encontraba cubierto de sudor, arena y una quemazón en la espalda cortesía del sol que no aminoraba. Pasaban las horas y seguían sin recibir ayuda. Los tiburones ya acechaban hambrientos y, la sed se tornaba más insaciable. De pronto una ola gigante los arrastra hasta una isla tropical paradisiaca. Ahí descubren que hay una sociedad secreta en donde no es necesario trabajar para vivir. La vida ahí es solo para disfrutar entre cocos y manglares.

¿Es esto lo que con tantas ansias buscaba? ¿Aquello que le esperaba del otro lado del horizonte? Era verdad que aquel lugar era un paraíso inigualable, pero cada paso que daba dentro de ese sitio le alejaba más de su destino, y al mismo tiempo le acercaba, vagando sin rumbo, dejando huir de quien nunca fue.

Sin embargo, no todo es gozo en esa isla, faltaba por descubrir qué clase de sociedad secreta era aquella! ¿Desde cuándo habitaban ahí? ¿Cómo habían llegado hasta allá? Las preguntas empezaron a surgir. Pero más tarde se dio cuenta que la lluvia de preguntas que le invadían los pensamientos no reflejaban más que temor hacia lo desconocido. En su lugar se apresuró por seguir adelante en aquél territorio desconocido, con la esperanza de encontrar cosas que quizás nunca había visto en su vida.

Y así fue, encontró paisajes hermosos que nunca antes había visto, animales extraños que le causaban curiosidad pero, sin embargo, no se atrevía a acercarse por temor. Luego se percató de una cueva a lo lejos. La entrada era grande y se aproximó a ella. Al entrar era fresca y pensó que sería un buen lugar para tomar un descanso y tal vez pasar la noche. Acomodándose junto a una de las paredes, hecho una especie de ovillo por la fría sensación del piso contra su cuerpo, se dispuso a reposar. Apenas podía cerrar los ojos, pues se sentía inseguro, agobiado por toda la información que su cerebro trataba de procesar: nuevos sitios, nuevas criaturas, nuevas experiencias aturdían sus sentidos. Se sentía sobrecogido.

Al paso de las horas le era imposible dormir, comenzaba a delirar, el lugar se comenzaba a tornar un tanto peligroso debido a sus pensamientos, sentía que alguien estaba al acecho, ¿acaso era alguien de la sociedad secreta? No se atrevió a salir, pues llegó a sentirse amenazado, es así que entre pensamientos se quedó dormido. Al amanecer, la luz solar le dio agallas para salir de aquella cueva, y es entonces que se percata que la isla ya no era más lo que al principio vio, así que debía buscar la forma de salir de ahí y regresar a la vida con obligaciones. Mismas que lo encerraba en una libertad limitada, aquellas que antes de dormir le atormentaban y le impedían gozar de una vida tranquila, acaso el vivir sin preocupaciones ya no era su sueño más anhelado, ahora que lo tiene cuál es el siguiente paso. Al parecer él quiere regresar a aquella vida que detestaba ¿por qué?

Quizá es lo que él necesitaba, quizá es lo que él quería, sólo él conocía la respuesta, pero estaba confundido, desesperado, en su interior, él sabía que jamás tendría una vida tan feliz y sencilla como la que tenía en la isla, lo cual le parecía desconcertante, pues a pesar de haber conseguido algo increíble, ya no lo quería.

(Autor colectivo)

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