EL DÍA DEL DERRUMBE

—Esto pasó en septiembre. No en el septiembre de este año sino en el del año pasado. ¿O fue el antepasado, Melitón?
—No, fue el pasado.— Sí, si yo me acordaba bien. Fue en septiembre del año pasado, por el día veintiuno. Óyeme, Melitón, ¿no fue el veintiuno de septiembre el mero día del temblor?
—Fue un poco antes. Tengo entendido que fue por el dieciocho.
—Tienes razón. Yo por esos días andaba en Tuzcacuexco. Hasta vi cuando se derrumbaban las casas como si estuviera m echas de melcocha; nomás se retorcían así, haciendo muecas y se venían las paredes enteras contra el suelo. Y la gente salía de los escombros toda aterrorizada corriendo derecho a la iglesia dando de gritos. Pero espérense. Oye, Melitón, se me hace como que en Tuzcacuexco no existe ninguna iglesia. ¿Tú no te acuerdas? (Juan Rulfo. El Llano en llamas).

¿Cómo? No te acuerdas, el polvo te entraba por los orificios de la nariz y se mezclaba con la saliva, dabas por sentado que se había derrumbado la iglesia.
Ahora recuerdo, la iglesia, los sábados daban desayunos para los niños que solo miraban al cielo esperando que caigan frambuesas, en esa iglesia se casó mi hijo el mayor.
¿Cómo se nos puedo olvidar?

A veces pienso que los temblores juegan al derrumbe y escogen el mes de septiembre, en broma siete, en la actualidad nueve. En ese juego de fechas buscan la confusión del calendario para hacerse presente, sin nombrarse pero saben hacerse presente. El hombre les teme, los guarda en su memoria innecesariamente porque su astucia la rebasa.

El hombre se siente entonces superado. Así que comienza a buscar la manera de defenderse. Al despertar, ve una gran devastación en una ciudad de la tierra. Comienza a darse cuenta entonces que no estamos solos en el mundo.

Aquel día las personas tomaron sus precauciones, lo que antes era sólido termino siendo polvo, ¿qué provocó gran devastación? Si no estamos solos en el mundo, ¿Nos volverá a pasar unos años más tarde? Las cosas han cambiado, pero quizás no a nuestro favor. El mundo ha tomado lo que le pertenece y debe tener un nuevo comienzo ¿Pero qué es lo que debemos hacer para ser parte del nuevo comienzo? No queda más que esperar una oportunidad de absolución. El ser paciente puede traer consigo grandes beneficios. Las oportunidades pueden llover en cualquier momento, muchas de estas más claras que otras, sin embargo, depende del hombre aprovecharlas. Muchas de estas se desperdician sin necesidad alguna.

(Autor colectivo)

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