Autor: Otto Cuauhtémoc Castillo González

Ensayo ganador del Concurso “Imaginando a Utopía en el 2016”, realizado en el marco del Homenaje A 500 años de Utopía de Tomás Moro, el 29 de noviembre de 2016.

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Al parecer Lázaro se levantó hoy con el pie izquierdo y, sin embargo, no bramó por la superstición, pues porque en primer lugar levantarse con el pie izquierdo no significa infortunio aquí en Utopía ¡y mucho menos en pleno 2016! Mientras se lava los dientes, Lázaro escucha en la radio como todos los países están siguiendo el modelo utopíano.

Sucede que Esmeralda caminó bajo una escalera que fue puesta para colocar un vidrio roto justo arriba de la cama de le chat noir, su gato, y caminó bajo de ella sin preocupación porque una escalera es una escalera, un gato negro es sólo una pantera en miniatura y un vidrio roto simplemente es una deuda. Esmeralda aprieta el paso porque está ansiosa de llegar a la inauguración de su maestría en una nueva rama de la ciencia en la que fueron precursores muchos de nuestras hermanas y hermanos de nuestro país Utopía.

Mira que Amalia desayuna todos los días un buen y nutrido plato de la Novena Sinfonía de Beethoven que es proporcionada, sin escatimar, por el gobierno de nuestro país. Amalia sabe, porque sus vecinos se lo han recomendado, que para acompañar el desayuno orquestal es bueno tener de acompañamiento una sopa de letras de Martí. Amalia está preparada para todo; ella tiene conocimiento que para los momentos en los que la puesta de sol le sorprende andando por la ciudad con terrible melancolía es bueno beberse, en dosis controladas, métricas de Pizarnik, y así rompe el muro de la poesía[1]. Y llega la noche y duerme cubierta por la luz tenue de la luna que se filtra por la ventana, soñando una pintura de Remedios Varo. Amalia no habla dormida, no le asoma el espanto -a lo Sabines- ni el llanto. Amalia duerme y ríe, ríe soñando.

Aquí, en la siempre fresca, sin mucho calor y poco frío, Utopía, la bolsa de valores no tiene cabida. Las escuelas no clasifican ni adoctrinan sino que liberan y procuran la superación personal efectiva. Nadie se ve ahogado por corbatas, ni chicanerias ni aparcarías. Y la arquitectura está en su cúspide estética y pragmática; la casa de uno es la del vecino, así como la cochera y el patio. La agricultura no pudo estar nunca mejor sino en este año en los imperecederos campos de Utopía donde los campesinos cantan, mientras cosechan, canciones de Víctor Jara y Violeta Parra.

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Este viernes 13 se dijo en los periódicos que las y los políticos de todos los partidos recibieron -y sin hacer trampa- mención cum laude en sus exámenes de doctorado, cumpliendo así la idea helénica de filósofos en los altos mandos. Los periodistas ahora ya no escriben sobre los chismes de plástico, porque a la gente ya no le interesa lo precario; de igual forma en los titulares se relata que el periodista Vicente Zarco Ramírez no fue perseguido o levantado por revelar las pocas redes de corrupción que persisten en el país, sino todo lo contrario, que al periodista se le condecoró con la presea al mérito más alto. Y en la sección académica -que sustituyó a la fosilizada sección de farándula- se describe los beneficios que ha dejado a lo largo de los años el uso del lenguaje inclusivo, al grado de ya no usar imperativos masculinos ni femeninos y la completa restructuración del lenguaje de Cervantes. En otras columnas se puede leer como el día de ayer el Vaticano eligió a la Papisa Catalina I, quien al momento de asumir el cargo, entusiasta, elogió la celebración de matrimonios igualitarios en toda la redondez del orbe y el pleno respeto al Taoísmo y Budismo; por su puesto que en el acto solemne, Catalina I manifestó su postura de no intervenir con asuntos del Estado.

En otras primicias, se relata el éxito de los esfuerzos científicos para traer de vuelta a la vida a los Tigres de Tasmania; se proyectan los mismos beneficios para el pájaro Dodo, Raphus Cucullatus. Casi al final de nuestro diario nacional “Utopicus” se relata como el dinero que se ahorró ante la desaparición de las fuerzas armadas y policiales fue empleado exitosamente en la cruzada contra el hambre; destaca la nota que se empleó a los ex militares y policías para el cargamento y distribución de la comida y, mientras lo hacían, impartían cátedra de Derechos Humanos a los pobres comensales que estudiaban simultáneamente el libro Felicitas Homo Autem Cras[2] de Walter Benjamín (quién llegó de Portbou en 1940 a Utopía para curarse de depresión) para su examen de admisión al doctorado. No podemos dejar de señalar que Yitzhac, ciudadano que todas las mañanas disfruta del rocío, a sus 33 años sigue riendo con las tiras cómicas al final del periódico como cuando aún tenía dientes de leche.

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Utopía en el 2016 sería aquél lugar donde estas palabras no sean sólo eso -palabras, tinta y celulosa- sino realidad. Pero mientras lees estás líneas un niño está vendiendo cigarros en la calle y su estómago ruge de dolor y hambre, soñando con un lugar que no sabe cómo se  llama y que nosotros buscamos con ahínco desde que un inglés lo describió hace 500 años. Me parece que poco a poco nos vamos acercando, pero aún nos falta y debemos seguir caminando hasta encontrarlo.


[1] Salvación de Alejandra Pizarnik.

[2] Escrito en Utopía en el año 1941.

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