Autor: Luis Paul Chacón Ayuso

Ensayo participante del Concurso “Imaginando a Utopía en el 2016”, realizado en el marco del Homenaje A 500 años de Utopía de Tomás Moro, el 29 de noviembre de 2016.

Utopía, utopía
nombre femenino

    1.

    Plan o sistema ideal de gobierno en el que se concibe una sociedad perfecta y justa, donde todo discurre sin conflictos y en armonía.

 La utopía es un engaño, es espejo y humos en un corredor infinito, es una ilusión, un sueño que baila y actúa  y al final nos pide humildemente después de una reverencia que aplaudamos y abandonemos el recinto.

    Una imposibilidad absoluta, un sol de medianoche que suplica  morir al alba. Si la Distopía  es real y tangible, la Utopía es alegórica y etérea,  creada para ser soñada más nunca alcanzada pues la perfección está vedada al hombre por todos los dioses desde que el mundo es mundo.

    El conflicto está profundamente grabado en nuestras almas, codificado en nuestro espíritu y pensamiento día con día. Motor que guía los pasos de artistas, soldados, declamadores, soñadores y prácticos y que de apagarse condenaría a la humanidad al peor de los destinos, que no es la muerte ni el olvido sino la indiferencia.

    Un río que se estanca deja de ser río, una sociedad perfecta es aquella inamovible, muerta, libre de pensamientos y explosiones de imaginación que en sus choques infinitos generan el perpetuo movimiento de la poesía humana.

    La utopía es imposible porque cada humano tiene una definición diferente de agravio, de justicia y de perfección. Algunas tan diametralmente opuestas que el paraíso de unos es el infierno de otros, la rueda sempiterna del cambio no permite que el momento utópico anclado en el tiempo exista.

Justicia para un rey es abuso para un plebeyo, dragón y cordero no pueden existir al mismo tiempo.

    Dos ensoñaciones no pueden ocupar el mismo espacio al mismo tiempo en el reposo. He  dicho todo esto porque la Utopía para mí, en un ámbito social, espiritual y legal, no puede existir más que como un anhelo. El hombre que se ha conquistado a sí mismo no tiene nada más que hacer, de haber tomado el mundo entero Alejandro el Grande se hubiera echado a llorar, vuelto a macedonia y esperando melancólicamente morir en su trono en la cima de la tierra.

   Debemos soñar siempre con ser mejores, debemos trabajar siempre por ser mejores, debemos luchar contra nuestros demonios porque solo en la lucha estamos realmente vivos.  Y eso sólo se logra enfrentando a la Distopía. A veces  me pregunto si desear una utopía para las generaciones que están por venir no es acaso desearles que nunca se ensangrienten los nudillos, la gratificación de vencer a la iniquidad y que nunca sepan  que  caer de rodillas es la cosa más gloriosa que existe por que solo el que cae se puede levantar y retomar con más fuerza el vuelo. Reniego de la Utopía porque cuando esta se alcanza el espíritu de fuego que todos tenemos y que erupciona en la oscuridad de la noche para mostrarnos que la luz no es de dios sino del hombre  se apaga y se cubre en una tumba de flores.

La única Utopía es para mí, la que soñamos cada noche y luchamos cada día por hacer realidad.

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